Cargando...
Como miembros de la Iglesia Universal, nos unimos a todos los creyentes en proclamar el señorío de Jesucristo, y en afirmar los credos trinitarios históricos y las creencias de la fe cristiana. Valoramos nuestra herencia de santidad y creemos que es una forma de entender la fe que es fiel a las Escrituras, la razón, la tradición y la experiencia.
Creemos que en el amor divino, Dios ofrece a toda persona el perdón de los pecados y una relación restaurada. Al ser reconciliados con Dios, creemos que también debemos ser reconciliados unos con otros, amándonos mutuamente como hemos sido amados por Dios, y perdonándonos unos a otros como hemos sido perdonados por Dios.
Jesucristo es el Señor de la Iglesia, la cual, como nos dice el Credo de Nicea, es una, santa, universal y apostólica. En Jesucristo y por medio del Espíritu Santo, Dios Padre ofrece el perdón de los pecados y la reconciliación a todo el mundo. Los que responden con fe a la oferta de Dios se convierten en parte del pueblo de Dios. Como el único Cuerpo de Cristo, tenemos “un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo”.
“Afirmamos la unidad de la Iglesia de Cristo y nos esforzamos en todo lo que hacemos a preservarla.”
Dios, quien es santo, nos llama a una vida de santidad. Creemos que el Espíritu Santo busca realizar en nosotros una segunda obra de gracia, conocida como “entera santificación” o “bautismo en el Espíritu Santo”. Esta obra nos limpia de todo pecado, nos renueva a la imagen de Dios y nos da poder para amar a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos.
Somos llamados por las Escrituras y atraídos por gracia a adorar a Dios y amarlo con todo nuestro ser. Creemos que podemos ser “enteramente santificados” como una segunda obra de gracia en la experiencia espiritual.
“Yo soy el Señor su Dios, así que santifíquense y manténganse santos, porque yo soy santo.”
Somos un “pueblo enviado” que responde al llamado de Cristo y es capacitado por el Espíritu Santo para ir al mundo, testificar del señorío de Cristo y participar con Dios en la edificación de la iglesia y la extensión de su reino.
Nuestra misión comienza con la adoración, ministra al mundo por medio del evangelismo y la adoración, anima a los creyentes a alcanzar la madurez cristiana por medio del discipulado, y prepara a mujeres y hombres para el servicio cristiano mediante la educación cristiana superior.
“Vayan y hagan discípulos de todas las naciones...”
“Mantengamos firme la profesión de nuestra fe, porque fiel es el que prometió.”Hebreos 10:23